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Calificacion 7.5
Género:

Biográfico/ Crimen/ Drama

País: Estados Unidos
Duración: 2h 11min
Año: 13 December 2019
Director: Clint Eastwood
Reparto:
Paul Walter Hauser, Sam Rockwell, Kathy Bates, Jon Hamm, Olivia Wilde, Wayne Duvall, Dexter Tillis, Desmond Phillips, Nina Arianda, Ian Gomez, Randy Havens, Mike Pniewski, Niko Nicotera, Dylan Kussman, Beth Keener, Billy Slaughter, David Shae, Shiquita James, Deja Dee, Kendrick Cross, Jill-Michele Melean, Mitchell Hoog, David Lengel, Marc Farley, Victoria Paige Watkins, Charles Green, Shawn Weston Thacker
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    El caso de Richard Jewell

    Richard Jewell

    El caso de Richard Jewell Richard Jewell era un guardia de seguridad en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, el cual descubrió una mochila con explosivos en su interior y evitó un número mayor de víctimas al ayudar a evacuar el área poco antes de que se produjera el estallido. En un principio se le presentó como un héroe cuya intervención salvó vidas, pero posteriormente Jewell pasó a ser considerado el sospechoso número uno y fue investigado como presunto culpable.

     

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    Mi critica, Sorprende el respeto y el cariño con el que Clint Eastwood retrata a Richar Jewel, al que dibuja como una persona corriente, incluso con acusadas carencias, una especie de friki de la ley y el orden que tiene idealizados a los distintos estamentos policiales. Pero al mismo tiempo alguien muy noble, siempre amable y respetuoso, que colabora y ayuda a todo el mundo, con un corazón más grande que su voluminosa figura.

    La policía y los medios de comunicación, por contra, acaban percibiéndolo de un forma eminentemente negativa. Un hombre solitario, mediocre, que siempre se ha comportado con un exceso de celo cumpliendo las tristes obligaciones inherentes a los puestos de trabajo, relacionados con la seguridad ciudadana, que ha venido desempeñando a lo largo de su vida. Al que lejos de honrrar o felicitar por haber salvado vidas en un atentado ocurrido en los Juegos Olímpicos de Atlanta, arrojan sin ningún miramiento en brazos de la siempre hambrienta morbosidad de la opinión pública, al único abrigo de la sospecha de haber sido él mismo el que puso la bomba. Y todo sin pruebas de ningún tipo, simplemente porque le saltaban demasiadas costuras al entallado traje de superhéroe que en principio le concedieron, porque su mejor perfil era el de villano.

    Esa es la historia que Eastwod nos cuenta, como casi siempre con su habitual limpieza, con una caligrafía impoluta, con su acostumbrada fiabilidad, de una manera fluida. Quizá sea su película más instrospectiva, más centrada en la personalidad de su protagonista que en sus acciones. Trata de reflejar las emociones de Richard Jewell a través de su relación con su madre y, especialmente, con su peculiar abogado (llena de un humor contenido), los infructuosos intentos de éste por elevar la autoestima de su representado, porque supere una acusada ingenuidad que le estaba perjudicando ante la policía. Eso es lo mejor de la película, junto a la secretaria del abogado (una Nina Arianda a la que vimos hace poco en el Gordo y el Flaco), quien con cada pequeña intervención insufla un soplo de aire fresco.

    Su acerada crítica, tanto el estamento policial como a la prensa, es presentada sin demasiados matices, especialmente en lo que respecta a sus principales artífices, un agente del FBI y una periodista a cual más ambicioso (en spoilers, comentarios sobre la relación sexual que mantienen), que abusan descaradamente de su poder, lo que a la postre constituye la mayor rémora de la cinta.

    Todos sus interpretes rayan a gran altura, especialmente su protagonista, un Paul Walter Hauser que no parecía el más adecuado, sobre todo después de sustituir a un Jonah Hill (que sólo ejerce como productor) que contaba con más argumentos interpretativos, renombre y popularidad incluidos.

    En definitiva, una excelente y emotiva película que seguramente pasará a engrosar la considerable lista de obras mayores de su autor, la mejor en mucho tiempo. Pero le falta rematar esa confrontación genérica, recurrente en su filmografía, entre el individuo y las instituciones, identificar los resortes de ese infame y burdo abuso de poder cometido por la policía y la prensa.